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"Años calientes", relato en primera persona sobre la España de la Guerra Civil

“Así lo vi, lo viví y lo cuento”. Con esta frase finaliza el relato del transitar de Simeón Fernández de Pedro por los “Años calientes” de la España que sufrió la Guerra Civil, su antes y su después.


Con trazos autobiográficos y sentidos que ofrecen una visión muy particular y cercana, Fernández de Pedro escribe una historia “desgarradoramente sincera” en primera persona en la que se van sucediendo en paralelo vivencias personales con avatares políticos.

En las más de 400 páginas que forman la obra hay un devenir continuo de nombres que han conformado buen parte de esa historia reciente de España, que el autor cuenta a través de historias poco conocidas y desde la mirada de un muchacho llegado a Madrid desde Migueláñez (Segovia).

La España que he vivido: Años calientes sale a la luz once años después de la muerte de su autor, quien lo escribió, ayudado por su sobrina Pilar Porta, cuando había perdido por completo su visión.

Porta recuerda en el prólogo del libro que después de los años transcurridos desde la muerte de Simeón Fernández de Pedro, profesor de Derecho y de Química, el editor Alberto Sarmentero ha publicado la obra que el autor le entregó hace años con la petición de la que la publicara cuando lo considerase oportuno.

Antonio Machado, profesor de francés de Fernández de Pedro, José Antonio Primo de Rivera, Francisco Franco, Dionisio Ridruejo, Marcelino Camacho y otros muchos son protagonistas de anécdotas y recuerdos vividos por el autor, quien también ha dedicado capítulos diferenciados a Manuel Hedilla o Eduardo Ezquer.

En el inicio del libro, lo que el autor llama “Pórtico”, escribe “si no tienes interés por la historia reciente de los tuyos, si no quieres saber de dónde vienes ni cómo se ha cocido tu entorno, no leas esto”.

En su amplio relato, el autor lo mismo narra importantes acontecimientos relacionados con el antes, el durante y el después de la Guerra Civil, como relata la historia de su paisano Gregorio Miranda, joven que ante la promesa hecha a sus padres de no faltar nunca a clase, intentó hacerlo un día en que la Federación Universitaria Escolar había convocado huelga.

Se produjo una pelea saliendo en su defensa otros estudiantes, en esta ocasión del Sindicato Español Universitario, nuevos amigos de Miranda, cuyo destino quedó embarcado en uno de los bandos, igual que podía haber sido el otro. “Incidencias así de fortuitas condicionaron, en uno u otro sentido, la vida de muchos españoles”.

En esos años, en los treinta y tantos, en “este peculiar país”, el autor recuerda que cada habitante se sentía propenso a repetir, cada dos por tres, “todo o nada” o “hay que acabar con esto y con estos, de una vez para siempre”, frases que hace poco más de una década Fernández de Pedro consideraba “desterradas del mundo civilizado”.

Cuando ideologías opuestas, escribe, “se sintetizan en unos simples gritos o símbolos sin matizaciones en un país caliente, ya está sembrada la simiente del choque”.

Rector de la tertulia de “La Ballena Alegre”, compartió despacho y amistad con Alfonso Escámez en los cincuenta y fue profesor de la Escuela Sindical de Madrid, mientras Marcelino Camacho, Julián Ariza y otros “creaban allí mismo las Comisiones Obreras”.

Además, participó en los Comités Técnicos educativos del Consejo de Europa, de Onudi y de la Unesco “y tuve ocasión de crear ciento treinta nuevas especialidades en la Formación Profesional de los chicos españoles”, recuerda en el texto.

La semana pasada en Madrid, el autor y su obra fueron recordados en un conocido restaurante madrileño, en el que los camareros, además de servir a los comensales,  interpretan piezas de ópera y zarzuelas.

Madrid, 20 enero  2016, EFE/Practica Español

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