Puede usar las teclas derecha/izquierda para votar el artículo.Votación:1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (1 votos, promedio: 5,00 sobre 5)
LoadingLoading...

El papa ‘honra’ en Jueves Santo a sacerdotes, médicos, enfermeros y servidores que combaten el COVID-19

Ciudad del Vaticano / El papa Francisco honró hoy a los “santos” que combaten el coronavirus, sacerdotes servidores o médicos y enfermeros, en una inusual misa de Jueves Santo en la basílica de San Pedro, prácticamente vacía de gente para evitar contagios.

Así comenzó en el Vaticano un más que inusual Tríduo Pascual,  periodo en el que los cristianos conmemoran la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.

Francisco basó su homilía improvisada en el concepto del servicio y en “los santos de la puerta de al lado”, apegados a la sociedad a la que sirven, recordando  a los sacerdotes muertos por asistir a los enfermos con el virus, que solo en Italia cifró en más de sesenta, así como  a los médicos y enfermeros que han perdido la vida.

Francisco además habló de los sacerdotes que son “calumniados” y que muchas veces “ni siquiera pueden ir por la calle” porque les insultan por los escándalos que han salpicado a la Iglesia.

Y tuvo palabras para los misioneros en tierras lejanas, caídos en las pestes, o los curas que asisten en las cárceles o en el entorno rural y conocen los nombres de todos los feligreses y vecinos, e incluso hasta de sus perros, dijo a modo de anécdota.

“Buenos sacerdotes. Hoy les llevo en mi corazón y al altar”, dijo el papa, siempre con semblante serio.

No celebró el tradicional rito del lavado de pies, que en los años anteriores realizó fuera del Vaticano, en prisiones, reformatorios de menores, con discapacitados o ante refugiados.

Ni siquiera se ha podido realizar la misa Crismal, en la que se bendicen los santos óleos para impartir los sacramentos y que quiere celebrar después del Domingo de Pentecostés, el 31 de mayo, aunque si no es posible, dijo, habrá que esperar ya al 2021.

Nada más acceder al templo, el pontífice procesionó apoyado a un báculo junto a un pequeño séquito desde el Altar de la Confesión hasta el ábside, como ya ocurrió el pasado Domingo de Ramos, y, una vez llegado ante el Crucifijo, echó incienso.

Los himnos fueron entonados por un reducido coro cuyos integrantes, por supuesto, tuvieron que mantener el preceptivo espacio de separación entre sí, aunque la eucaristía concluyó sin cánticos finales, sobriamente.

La asamblea también fue muy reducida, compuesta por una decena de prelados, monjas y sacerdotes, cada uno en un banco. (9 abril 2020, EFE/PracticaEspañol)

 

Noticias al azar