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Culture

Delirio colectivo en Manizales: Juli cuatro orejas, Castella dos en la última

Manizales, 9 ene (EFE).- Una gran tarde puso el broche de oro a la Feria de Manizales. En hombros, al final de la corrida, pasearon el ruedo “El Juli” y Catella ante un público delirante.

Ha bordeado la perfección El Juli y ha tocado la gloria. Su faena de hoy en Manizales ha sido de un seguridad y brillantez de lío grande, ante un noble, pero algo tardo ejemplar de Gutiérrez que, sin embargo, ha tenido motor para aguantar larga faena de mano baja.

Los méritos de la faena han sido darle sus tiempos a un toro que escarbó mucho, darse en un palmo de terreno, ligar a pesar de la condición tarda del astado.

Y los muletazos se han sucedido variados, en palos diversos derechas de izquierdas, cambiados, de pecho, del desprecio, pero siempre rítmicos con la métrica exacta y sin tomarse licencias expresas. Faena de rabo.

En el quinto Julián tuvo un toro con virtudes varias. Galope, claridad. Hacia el final de la faena, de tanto exigirlo, empezó a terminar el muletazo con la cara arriba, algo distraído, alentado quizás por ese gen Santa Coloma de su mapa genético.

Pepe Manrique bordó al dulce primero con ese clasicismo sin concesiones que atesora Pepe, con muletazos con expresión y contenido. La gente estuvo fría con él pues supo a poco la oreja única que el palco le concedió

Al igual que a su segundo, Manrique lo toreó espléndidamente de capote. A este mejor aún. Echando los vuelos, llevando al toro embebido, templado, con gran pureza. Se prodigó en quites; por delantales a su primero y por navarras al otro.

Suavidad para iniciar la faena a este. No prometía el toro romper y lo hizo aunque le faltó profundidad para tomar el muletazo entregado hasta el final.

Sedosa caligrafía de Manrique por la izquierda aunque el animal no acompaña largo, ni humillado, aunque si con dulce nobleza.

Castella -que en el callejón parecía un león fiero metido en su jaula de furia- se encontró con un toro que no terminó de romper, pero no tuvo maldad. Lo intentó meter en vereda el francés, pero el de Gutiérrez solo iba y venía, sin contenido en sus arrancadas.

El sexto de hechuras perfectas tuvo emoción para el capote y Castella lo bordó tanto por verónicas como en el posterior quite por chicuelinas y orticinas.

Hecho un jabato citó desde los medios y se sucedieron dos cambiados ligados a un redondo casi completo tras cambiarse la muleta a la zurda. Júbilo absoluto en el tendido.

El animal es alegre también y Castella le da aire entre las series a fin de que dure pues amaga con distraerse tras los hondos muletazos de izquierda y derecha. Torero! es el grito que baja de los tendidos y retumba telúrico.

Gran corrida de Ernesto Gutiérrez, con matices, con diversidad y calidad y a dos toros se les dio la vuelta al ruedo.

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