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Culture

El "efecto Cataluña" llega a la América taurina

Israel Téllez (Agencia EFE). El impacto del “Efecto Cataluña” ha alcanzado a Latinoamérica, región que muchos creían taurina y que ha retomado el debate y la idea de legislar sobre la prohibición de la tauromaquia, tema que para los pro y anti taurinos ha adquirido tintes políticos.

Ejemplo de ello es la situación que se vive en Colombia, cuya Corte Constitucional mantiene el debate, desde el pasado 4 de agosto, respecto a incluir o no a los toros de lidia y gallos de pelea dentro de la ley de protección de los animales.

Uno de los magistrados, Humberto Sierra Porto, escribió una ponencia en la que pide mantener la fiesta brava, a la que considera “una tradición arraigada y respetable” en Colombia, todo ello en respuesta a una ponencia previa del magistrado Jorge Iván Palacio, de opinión contraria.

Dos magistrados apoyan la ponencia de Sierra, pero otros tres están en contra, lo que provocaría un empate para el cual se han nombrado dos conjueces que inclinarían la balanza en las próximas semanas.

Por ahora las posturas de taurinos y antitaurinos al menos coinciden en una cosa: el tema del veto tiene trasfondo político que, dependiendo del bando, se inclina a favor o en contra de la fiesta brava; rasgo que fue obvio en lo sucedido en Cataluña.

Carlos Yarza, periodista taurino y comentarista de la cadena mexicana Televisa, asegura a Efe que en el debate sobre el veto a los festejos taurinos lo que menos preocupa es el astado, pues considera que todo obedece a una “cuestión política”.

“La fiesta brava es una bandera de identidad española y todos sabemos que los catalanes lo que menos quieren es sentirse españoles, de ahí que se hayan sacudido más bien un símbolo de identidad”.

Para Heriberto Murrieta, periodista mexicano especializado en la fiesta brava y autor de libros como “El toreo de verdad”, “100 jueves taurinos”, “Tauromaquia mexicana” y la “Biografía de Silverio Pérez”, lo ocurrido en España “significa una señal de alerta”; sin embargo, ve lejano que ocurra esa posibilidad en México.

“Ha habido brotes de ciertos personajes políticos, pero sus argumentos han sido irrisorios; lo más grave es la autodestrucción de la Fiesta, los fraudes que la desmitifican”, asegura en entrevista con Efe.

En tanto, los grupos antitaurinos opinan de forma similar y aseguran que la prohibición, al menos en Cataluña, no va enfocada a salvaguardar la integridad de los bureles.

“Las reacciones ante la prohibición han sido manipuladas, pues han recurrido a tomar reacciones de una clase política española que tiene sus prevenciones con Cataluña y ellos han enfocado el tema más por el lado político e identidad que por el lado del maltrato a los animales”, asegura Álvaro Múnera Builes, del colectivo F.A.U.N.A. (Fuerza Anticrueldad Unida por la Naturaleza y los Animales).

Habrá quien piense que la abolición de las corridas de toros es nueva y algo impensable hace años; sin embargo, el tema ya es añejo y países como Uruguay y Argentina prohibieron las corridas de toros hace ya más de un siglo, aunque puede haber una explicación.

“Es simple: estos países no tienen una influencia total de España, ellos tienen mayor influencia italiana”, señala Carlos Yarza.

Uruguay fue el primer país en América Latina que dio el paso al decretar, el 26 de febrero de 1888, la ley 2017 que prohibía la celebración de todo espectáculo público que llevara el nombre de “corridas de toros”, según un informe publicado en la página de internet www.animanaturalis.org.

La iniciativa surgió a raíz de que el matador Joaquín Sanz “El Punteret” fuera corneado de gravedad en la plaza Villa de la Unión, en Montevideo, y entró en vigor de forma parcial a partir de 1890; sin embargo, fue hasta 1912 cuando la tauromaquia comenzó a extinguirse en suelo charrúa casi de forma completa.

Ese año surgió un decreto hecho por el presidente José Batlle y Ordóñez, curiosamente nieto de catalanes, que prohibía de forma total cualquier actividad relacionada a la tauromaquia.

Lo anterior fue subrayado en 1918 por la ley 5657 que por primera vez prohibió todos los espectáculos que implicaran crueldad hacia los animales, ya no solo corridas de toros.

Aunque en 1935 hubo una tentativa de revirar la ley al permitirse las corridas de toros en el departamento de Colonia, la fiesta brava ya no tuvo el auge y en menos de dos años se extinguió.

En el caso de Argentina la abolición se remonta a finales del siglo XIX y se dio más por el desinterés de las personas que por un activismo en defensa de los animales, según consta en otro informe publicado por Animanaturalis.

En él se cuenta que en 1822, el gobernador Martín Rodríguez prohibió la realización de las corridas de toros “sin el consiguiente permiso policial, que sólo podía autorizar la faena de animales descornados”, hecho que le restó atractivo entre el público, pues la faena ya no conllevaba un riesgo mortal.

Lo anterior fue rematado el 25 de julio de 1891 con la ley 2786 que en su artículo primero sentenciaba: “Declárase actos punibles los malos tratamientos ejercitados con los animales, y las personas que los ejerciten sufrirán una multa de dos a cinco pesos, o en su defecto arresto, computándose dos pesos por cada día”.

Así, en 1899, y con el objetivo de ser un acto de beneficencia, Argentina fue testigo por última vez una corrida de toros.

Al parecer la luz de alerta se encendió en algunos de los países tradicionalmente taurinos de América Latina, como es el caso de Ecuador, que en 2008 sufrió la prohibición, por parte del Consejo Nacional de Radiodifusión y Televisión (Conartel), de difundir corridas taurinas a través de la radio y la televisión desde las seis de la mañana hasta las nueve de la noche.

El activista colombiano enfatiza que otra buena señal en contra de la tauromaquia es el hecho de que en la primera mitad del siglo XIX “se lidiaban toros en 17 países” y de forma paulatina, lugares como Centroamérica, Cuba, Uruguay, Paraguay, Argentina, Bolivia y Chile “fueron aboliendo esa tradición por cruel”.

Por su parte, Gustavo Larios, presidente de la Asociación Mexicana por los Derechos de los Animales (Amedea), prefiere no vaticinar cuál será el siguiente país en abolir las corridas de toros, pero advierte que eso ocurrirá “a mediano plazo”

“El ejemplo de Cataluña se contagiará para bien de la sociedad; los mismos taurinos serán beneficiados a la larga con una mejor sociedad: mas sensible, capaz de ponerse en el lugar de cualquier ser vivo y de no discriminar ni por especie”.

La idea surge certera, aunque también lo es la réplica taurina que, pese al romanticismo con el que ve la fiesta brava, evita los idealismos.

“Yo no creo que la sociedad progrese por prohibirse las corridas de toros; progresa cuando se desarrolla en el marco del trabajo, la civilidad y la paz”, sentencia Heriberto Murrieta, quien evoca el espíritu de la tolerancia ante el debate.

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