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Las filtraciones de WikiLeaks siguen sembrando cizaña

Bogotá (EFE).- Las revelaciones de WikiLeaks siguen sembrando cizaña y una consecuencia de ello es que el pasado 5 de abril la embajadora de Estados Unidos en Quito, Heather Hodges, fue declarada persona non grata e invitada a dejar Ecuador por unos cables secretos sobre la Policía ecuatoriana.

Hodges sigue los pasos de Carlos Pascual que renunció el 19 de marzo como embajador estadounidense en México, tras el escándalo que produjeron algunos de los cables con comentarios suyos no muy positivos sobre la lucha contra el narcotráfico en el país.

Aunque oficialmente no hay vinculación entre la renuncia y los cables filtrados por el portal WikiLeaks, es significativo que el presidente de México, Felipe Calderón, criticase la "ignorancia" de Pascual y los "graves daños" causados a la relación entre México y Estados Unidos por los pronunciamientos del diplomático.

El Ejército mexicano en entredicho

Pascual puso en entredicho la efectividad y bravía del Ejército mexicano en la lucha antidrogas y criticó la descoordinación entre las diversas corporaciones de seguridad.

En el caso de Hodges, el motivo es haber informado a su Gobierno de que "la corrupción es generalizada en las filas de la Policía" de Ecuador y apuntar especialmente a Jaime Hurtado Vaca, máximo jefe policial hasta su renuncia en mayo de 2009, al que acusó de extorsionar, acumular dinero, facilitar el tráfico de personas y proteger a otros agentes involucrados en corrupción.

Lo más polémico del cable parece ser, sin embargo, esta mención al presidente Rafael Correa: las actividades corruptas de Hurtado Vaca eran tan conocidas que "algunos funcionarios de la embajada (de EEUU) creen que el presidente (Rafael) Correa debió haberlas conocido cuando le nombró".

Hodges se negó a dar explicaciones al canciller ecuatoriano, Ricardo Patiño, con el argumento de que los documentos de WikiLeaks son robados y el Departamento de Estado calificó de "injustificada" su expulsión de Ecuador, que dijo lamentar "profundamente".

Oficialmente el cambio de Barbara Stephenson por Phyllis Marie Powers al frente de la embajada de EEUU en Panamá (a mediados de 2010) no tiene tampoco nada que ver con WikiLeaks.

Sin embargo, el presidente panameño, Ricardo Martinelli, no ocultó su malestar por los "malentendidos", según su definición, que afloraron con la divulgación de algunos cables diplomáticos.

El gobernante panameño, una amenaza

Según lo filtrado por WikiLeaks, Stephenson informó a su Gobierno de que Martinelli le pidió ayuda para "pinchar" los teléfonos de opositores y transmitió a Washington la idea de que el gobernante panameño es "autoritarista" y una "amenaza" para la democracia.

Hasta ahora el malestar producido por las revelaciones de Wikileaks en algunos Gobiernos latinoamericanos, principalmente con EEUU pero no solamente, no ha tenido otras consecuencias.

El presidente de Bolivia, Evo Morales, que por otros motivos expulsó al embajador estadounidense en 2008, considera que la difusión de los cables es una estrategia estadounidense para enfrentar a los gobernantes de América Latina.

"El imperio quedó desnudo, yo no sé que va hacer Estados Unidos, bueno, a ellos no les importa mucho esto no, pero cuántas cosas están saliendo, cómo irrespetan hasta a sus aliados, ¡cuánto espionaje!", dijo por su parte el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, en noviembre pasado sobre el escándalo global.

Chávez se limitó a pedir la dimisión de la jefa del Departamento de Estado, Hillary Clinton, pese a que en algunos de los cables se le tacha de "loco" y hasta se le compara con Hitler.

En cualquier caso, no hubiera podido expulsar al embajador estadounidense, pues ambos países no han tenido relaciones a nivel de embajadores desde 2008, salvo durante un breve periodo.

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