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Perú: las destartaladas “combis" y el contorsionismo espontáneo.

Están destartaladas, sus chirriantes motores nunca mueren y son tan pequeñas que sus pasajeros se convierten en hombres chicle y contorsionistas: es el fenómeno de las “combis”, uno de los medios de transporte más singulares y más baratos en Perú.

Sólo en Lima, y según datos de la Municipalidad, circulan más de 11.000 de estos vehículos, oficialmente llamados "camionetas rurales", que tienen una capacidad de 12 a 16 pasajeros, entre los que puede encontrarse desde humildes amas de casa hasta ejecutivos.

Las "combis" se popularizaron en la década de los 90 con un decreto que dio vía libre a la importación de vehículos usados y fue una solución rápida a la crisis económica del momento y a las necesidades de movilidad de una población creciente.

Las micro dimensiones de la "combi", y también el afán recaudatorio de sus cobradores y conductores, ponen a prueba la flexibilidad de los clientes, que encajan brazos y retuercen cuellos para subirse, mientras otros se balancean al ritmo de bruscas frenadas.

Es ese pequeño tamaño (un interior de aproximadamente 1,50 metros de altura y no más de 5,47 metros de longitud) el que las hace culpables de dolores musculares, pero también idóneas para ganar los peligrosos "correteos", carreras para apoderarse del mayor número de pasajeros.

Porque esos son los riesgos que tiene viajar por el precio medio de "a sol", o lo que es lo mismo, por un sol (unos 0,35 dólares).

Sus intrépidos conductores logran esquivar cualquier obstáculo en carretera y aprovechar cualquier hueco minúsculo para adelantarse a todo gas a sus competidores.

Las "combis" campan a sus anchas por la congestionada metrópoli limeña y son tan libres que evaden normas de tránsito, personalizan paraderos al gusto del cliente, nunca tienen horario fijo y hasta eluden controles técnicos.

No escapan a los "males de la edad" y de sus tubos de escape salen contaminantes humaredas negras, y sus 16 años de vida por término medio se dejan ver en sus puertas averiadas, asientos rajados y en la maraña de cables enredados que salen del salpicadero.

Son enfermos crónicos temerosos de los mecánicos, demasiado caros.

Toda carrocería está "tuneada" con rótulos y colores variopintos, porque esta es la peculiar manera de informar del itinerario, al igual que lo indican los chillidos, a veces indescifrables, de los avispados cobradores.

Estas figuras, que usan todo tipo de frases llamativas -algunas también falsas- para conseguir nuevos pasajeros, suelen asomar la cabeza por la ventana o directamente se bajan del vehículo para cantar nombres de las calles y barrios por los que transitan.

Pegatinas publicitarias, frases amorosas, luces multicolores, estampas religiosas o carteles de bienvenida con ruegos de no robar, completan la decoración de estos vehículos.

En las "combis" nunca falta una estridente bocina, ni la radio encendida; tampoco las protestas por el "elevado" precio del billete, ni un ruidoso motor; y aun menos pasajeros aquejados por la falta de espacio cuando el cobrador invita a otro a subirse.

La falta de tacto al volante e inseguridad es motivo para que los siete millones de pasajeros habituales despotriquen contra el sistema público de transporte limeño, al que, según cifras de la Municipalidad de Lima, le sobran unas 20.000 unidades.

Escenas curiosas de esta sobreoferta la ofrecen los taxistas, que no dudan en "hacer cola" en medio del carril ante un único viandante que reclama el servicio por si al conductor adelantado se le ocurre la descabellada, pero usual, idea de negarse a realizar el viaje.

Este desorden circulatorio, junto con el gran volumen de vehículos, genera continuos atascos y pérdidas de tiempo de hasta cinco horas por día, una situación que se ha visto aliviada en parte con la reciente puesta en marcha de un servicio público de modernos autobuses muy organizado, pero limitado.

El caos en las vías limeñas y los elevados índices de contaminación que producen los automóviles han llevado a su alcaldesa, Susana Villarán, a anunciar un plan de reorganización del transporte público, con congelación de flota incluida.

Muchos se preguntan cómo sería Lima sin estas odiadas "combis", culpables de todo tipo de males urbanos, pero estos diminutos vehículos son parte indudable de la cultura limeña y un reflejo de su diversidad social.

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