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Deportes

Kin-Ball: un balón gigante que va de las aulas a su propio mundial.

Son cientos los colegios y profesores que se han aventurado a incluir en las clases de educación física el Kin-Ball, una práctica deportiva que rechaza los individualismos y permite la contribución en el juego de cualquier persona sin importar la edad, el sexo o algún tipo de discapacidad.

El Kin-ball nace de la mano del profesor de Educación Física canadiense, Mario Demers, a mediados de los ochenta del pasado siglo, en Québec (Canadá) y se juega con una gran pelota que no debe caer al suelo.

El presidente de la Asociación Deportiva Cordobesa de Kin-Ball, Pedro Rojas Pedregosa dice que “Demers inventa un juego que soluciona los problemas cotidianos de falta de cooperación o desigualdad por parte de los alumnos”

El presidente de la Asociación Española de Kin-Ball (AEKBS), Francisco Javier Ortiz Merino, explica que su fundador “se basa en tres valores fundamentales para crear este deporte; la integración de los alumnos más desfavorecidos, la coeducación (educación en igualdad de sexos) y la deportividad”.

Las reglas de juego facilitan que  todos los jugadores estén involucrados hasta el final del partido, la cooperación, el juego limpio y que no se pueda atacar al más débil. Cada día son más los participantes que golpean esa gigantesca pelota, aunque existen jugadores profesionales.

Cada dos años se celebra el mundial de este deporte y países como Bélgica, España, Alemania, Francia, Suiza, Dinamarca, Japón o Canadá se disputan el título de campeón del mundo.

El último mundial se disputó en 2011 en la ciudad francesa de Nantes.

Sergio P. del Valle/ EFE-REPORTAJES

 

 

 

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