Algo más sobre el subjuntivo y sus problemas para los aprendientes de español
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Profesores de español

La dificultad del subjuntivo

A finales de los años sesenta comenzaron a llegar a las universidades españolas bastantes jóvenes anglosajones, norteamericanos sobre todo, interesados en el aprendizaje de la lengua de Cervantes no solo como complemento de su formación sino también como plataforma para el incremento de las relaciones políticas y, principalmente, comerciales de Estados Unidos con los países ubicados al sur de la frontera de Río Grande. No hay que olvidar que los gringos siempre se han regido por un sentido muy pragmático de la existencia.

Dado que la empresa con las aborígenes resultaba fatigosa y cuando no difícill, para los varones universitarios españoles, entre los cuales me incluyo, fue aquella una ocasión inmejorable para trabar amistad, o lisa y llanamente, para ligar con aquellas yanquis de cabellos rubios, piel fina y formas educadas que contrastaban con nuestras pelambreras morenas y unos modales rudos propios de la mitología creada a partir de los relatos de los viajeros extranjeros por el país en el siglo XIX.

Sin embargo, a muchos de aquellos chicos y chicas que aterrizaron en nuestros campus en plena dictadura franquista acabaron por gustarles nuestros horarios tan distintos a los suyos, que al principio les resultaban casi disparatados (almorzar a partir de las dos de la tarde, cenar a las diez y acostarse pasada la medianoche), tener acceso libre al alcohol, acompañar las cervezas o los vinos de unas tapas o unas aceitunas, hablar alto, hacer ruido en las calles, o echar piropos a las mujeres mientras caminaban.

Además de mi experiencia como estudiante de Filología Española (entonces la licenciatura se llamaba Lengua y Literatura Hispánicas) en la Universidad Complutense, de mis vivencias como enamorador de estudiantes norteamericanas me queda en el área de los recuerdos de mi disco duro lo chocante que me resultaba la dificultad de aquellas beldades llegadas de Ohio, Minnesota o Massachusetts para el manejo del subjuntivo de nuestros verbos.

“Cuando vinieras a buscarme a la residencia, yo bajé para verte”, me dijo en una ocasión Nancy, una de aquellas muchachas que favorecieron el intercambio libidinal hispano-estadounidense en aquellos difíciles tiempos en que las ideas del mayo francés comenzaban a apoderarse del ámbito y del ambiente.

Un amiguete mío, que estudiaba Historia del Arte y se había enrollado con una chica de Oregón, me comentó que la joven, que se llamaba Linda por cierto, le espetó: “Si tú vengas, habríamos comido juntos”.

Como éramos jóvenes, y además españoles algo desvergonzados, nos carcajeábamos impunemente de aquellas anglosajonas que nos daban un poquito de amor a cambio de unas correcciones gramaticales cariñosas.

Claro que después comprendí  que nos  teníamos derecho a tanta burla, pues cuando la situación se invertía y llegábamos a Londres o a Nueva York, nos las veíamos y nos las deseábamos para manejar correctamente los giros de los verbos to do, o to can.

Han pasado cincuenta años, o más, de aquellas aventurillas erótico-gramaticales. La vida sigue, quedan los recuerdos, las vivencias del campus a la sombra de la dictadura. Y la dificultad para el manejo de los subjuntivos también.

Javier Parra/PracticaEspañol

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