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La Palabra en la Prensa: capataz

En términos generales, es toda aquella persona que manda o vigila a un grupo de trabajadores, y también se dice del obrero encargado de una explotación agrícola. Por asimilación, el capataz de cada uno de los pasos de la Semana Santa en España es el responsable de coordinar a los costaleros portan las pesadas imágenes en su recorrido por las calles de las ciudades.

El capataz, un oficio de dinastías que aúna afición, psicología y devoción 

Por Curri Carrillo

Sevilla (EFE).- La figura del capataz de las cofradías de Semana Santa, que dirige las cuadrillas de costaleros que portan los pasos en Andalucía, es muchas veces un oficio de dinastías, heredado de padres a hijos, que aúna la afición a este mundo, la psicología necesaria para manejar grandes grupos y la devoción a las imágenes.

En Sevilla, sobre todo en el siglo XX, han existido destacadas sagas familiares de capataces como los Ariza -una de las más largas y aún hoy en activo-, los Palacios, los Franco, los Bejarano, los Rechi, los Villanueva o los Santiago, “que han ido heredando, tanto padres, hijos, abuelos o nietos, esta afición”, ha declarado a Efe Antonio Santiago Muñoz, heredero de una de ellas.

Capataces sin dinastía 

También hay capataces que no pertenecen a ninguna dinastía, pero “se pegan a otros, aprenden del oficio, llevan muchas horas delante de los pasos y llegan a ser capataces igual que si fuesen herederos de una tradición familiar”, ha dicho, además de defender que ambas vertientes son “válidas”.

“En mi caso, tengo la suerte de que mi padre fue capataz, me metió el gusanillo de esta afición por el cuerpo, me ha gustado, he seguido adelante y he intentado aportar lo mejor que he podido”, ha relatado este capataz sevillano, médico de profesión.

Su hijo Antonio Manuel, de 19 años, “la tercera generación” y también costalero, le acompaña y esta Semana Santa cumplirá seis años “delante de los pasos y aprendiendo”.

Antonio Santiago (Sevilla, 1957) empezó “desde muy chico” de la mano de su padre, Manuel Santiago Gil (1930-1998), considerado “maestro de capataces”, y junto a él y al mítico Salvador Dorado “El Penitente” (1912-1991) vivió la creación de la primera cuadrilla de hermanos costaleros de la Hermandad de los Estudiantes, en 1973.

Fue testigo de la “revolución” que supuso en la Semana Santa de Sevilla la transición de los antiguos costaleros -llamados profesionales- a los hermanos costaleros, cuando mediados los años 70 estos fueron sustituyendo a los primeros, tradicionalmente trabajadores del puerto y de labores de carga y descarga que sacaban los pasos cobrando debido a sus necesidades económicas.

En declaraciones a Efe, ha resaltado que la función que tiene un capataz es “la organización interna de la cuadrilla, distribuir el peso del paso de una forma equitativa entre toda la gente y la dirección de un grupo de hombres que es heterogéneo, cada uno de distintas profesiones, de distinta formación”.

La trabajadera les une 

Sin embargo, ha indicado Santiago, el palo o trabajadera -travesaño horizontal de madera debajo del cual se colocan los costaleros para soportar el peso con su cerviz, ayudados de un costal o manta-, “les une en el esfuerzo de llevar el paso, en este caso pasear al Señor y a la Virgen por las calles de Sevilla”.

Ha explicado que la labor del capataz “no se limita a dirigir el paso”, pues es “un nexo de unión entre la cuadrilla y la hermandad”, y además coordina “la colaboración de la gente con la hermandad” y desarrolla otras muchas facetas que no se ven a simple vista, como asesorar, dar “apoyo psicológico” a sus costaleros y a veces incluso “lo que antiguamente hacían los sacerdotes”.

Costalero de joven, es posiblemente el capataz que más pasos saca en Sevilla, hasta catorce y entre ellos los de La Paz, Las Penas de San Vicente, Los Estudiantes o La Macarena, y “manda” en total a casi 1.500 costaleros.

“Esto es un sello, una impronta difícil de vivir sin ella. Mucha gente vivimos la Semana Santa todo el año, lo llevamos muy adentro”, ha subrayado Santiago, para quien “cada sevillano, en este caso cada costalero, lleva algo de la Semana Santa dentro de algún gen. Es difícil pensar en vivir sin esto y hay gente que está fuera y vuelve en estas fechas, porque es muy difícil alejarse de este mundo”.

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