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Economy

Alimento y acordeón en el corazón de Santiago de Chile

En el mercado de La Vega, en el centro de Santiago, puede encontrarse de todo: gatos que descansan sobre cajas de frutas, sexagenarios jugando al “tele” (juego de cartas) y hasta una rueda de cuecas, el baile típico chileno; todo amenizado con música de acordeón. Además, el olor de las humitas, cazuelas, y sopaipillas atrae a paladares de cuaquier clase social.

“El rico, el pobre, el medio, el apolítico, el político, el revolucionario, el no revolucionario, el creyente, el no creyente, todos pasan por aquí”, dice Arturo Guerrero, uno de los vendedores del mercado que actúa como relaciones públicas.

Al son de unas cuecas ensordecidas por los gritos de los verduleros, uno puede encontrar las mejores hortalizas y verduras del país: “¡Más magia de La Vega!”, exclama Guerrero “¡Con tres lucas (cinco dólares) acá se hacen maravillas!”.

Esa magia también se extiende hasta los nombres de los productos: los brotes de soja se convierten en dientes de dragón, las limas se llaman picas, y los ajos son bautizados burlonamente como “la viagra de los pobres”.

Los trabajadores de este mercado, los llamados “veguinos”, que comparten un lema sagrado: “Después de Dios está La Vega”.

Aquí se trabajan para ser feliz

Los 1.700 puestos del Mercado de La Vega Central gozan de la libertad de abrir a la hora que quieran, “un hecho que determina la dinámica casi anárquica que rige este lugar”, comenta el portavoz del zoco.  

Más de 7.000 trabajadores esperan la llegada de centenares de camiones y frigoríficos todas las madrugadas desde la avenida Santa María, la calle Olivos, Recoleta e Independencia, los cuatro puntos cardinales de este mercado.

Madrugadores todos, aunque en distintos grados, porque en este mercado, según Guerrero, “se viene a trabajar; pero se trabaja para ser feliz“.

Histórico ambiente que invita a crear

Aunque nació en la época colonial como un pequeño mercado de abastos, La Vega ha crecido al ritmo de los ciudadanos. En el siglo XIX la zona era conocida como La Vega del Mapocho y se construyeron bodegas para la descarga y venta de productos agrícolas.

Agustín Gómez García levantó en plena revolución industrial el actual mercado.

Gran parte de la esencia de este mercado procede del folclore que se crea entre el olor a pescado, el mote con huesillo y el pan recién horneado, porque aquí, de repente, “cualquiera agarra una guitarra”, explica el portavoz del mercado.

Apuntes de gramática: respaso del uso de “por” y “para”, los morfemas

16 noviembre 2013, EFE-REPORTAJES/Practica Español

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